Páginas

miércoles, 9 de abril de 2025

Humpbert the Corridor-Intercepting Dwarf


 

Siempre que cruzo el pasillo para salir de casa, él aparece. No dice nada. Solo asoma la cabeza, como si estuviera esperando. Como si supiera exactamente cuándo paso.
Yo no toqué su puerta, ni él la mía. Pero cada vez que salgo... ahí está. Observando.

Al principio pensé que era casualidad. Quizás un vecino mayor con insomnio. O simplemente aburrido. Pero después noté cosas.

El reloj siempre marcaba 3:33 AM cuando lo veía. No importaba si salía antes o después. Siempre eran las 3:33 cuando él se asomaba.
Y no pestañeaba. Nunca.

Una noche me armé de valor. Me quedé quieto en la puerta, esperando que él hiciera su rutina de asomar la cabeza.
Y justo como siempre, lo hizo.

Pero esta vez me habló. Su voz sonaba como si dos personas hablaran al mismo tiempo: una grave, arrastrada… y otra aguda, como de niño.

—No sigas saliendo —me dijo—. Se está debilitando la barrera.

—¿Qué barrera? —pregunté, con un hilo de voz.

—La que me impide ser tú.

No entendí. Pero cuando intenté moverme, sentí un tirón en el pecho. Algo me jalaba hacia él. Era como si mi sombra se estirara, como si él la estuviera absorbiendo.

—¿Qué querés de mí? —grité, mientras la luz parpadeaba.

—Tu lugar —susurró—. Tu cuerpo es más cálido que el mío. Más fresco. Más… lleno.

Corrí al interior de mi departamento y cerré la puerta con fuerza. El tirón cesó, pero mi reflejo en el espejo no se movía como yo. Parpadeaba tarde. Sonreía cuando yo no lo hacía.

Desde esa noche, cada vez que paso por el pasillo, lo veo un poco más cerca. Ya no se asoma desde la puerta. Ahora está de pie.
Más erguido. Más parecido a mí.

Anoche, noté que tenía mi camiseta.

Hoy, no vi mi reflejo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario